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Con tres años y vegano

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Cualquiera que nos vea en el supermercado puede pensar que somos unos de “esos” que leen sin parar el etiquetado y llevan el carro repleto de bebida (que no leche) de avena, espelta, arroz, yogures de soja… Si además pensamos que todos estos productos son para nuestro hijo de dos años y medio yo creo que las críticas subirían de tono. Sin embargo, nuestro peque es alérgico a la proteína de la leche de vaca (de vaca o de cualquier otro animal excepto la burra, y a día de hoy no estamos en ese punto, en el de buscar leche de burra por el mundo).

 

Nuestra situación es ésta. No la hemos buscado ni elegido, nos ha tocado, sin más. La llevamos bien, no nos quejamos demasiado aunque nos da mucha pena que se pierda ciertas cosas. Puede que algún día la alergia desaparezca, vamos por el buen camino, pero sin lanzar las campanas al vuelo. Es complicado, no os lo voy a negar. Intentar dar una dieta completa, equilibrada, que tenga de todo lo que tienen los demás niños y no se sienta desplazado y lo más complicado, que quiera comer (tenemos un pajarito en casa) es una ardua tarea.

 

Además no te puedes relajar, no estamos así por gusto, si come algo con leche o con trazas o alguien le da un beso con restos de leche en sus labios, por ejemplo, su cuerpo se llenaría de granos (no olvidemos que es una alergia, no una intolerancia). Pero hemos tenido suerte, otros alérgicos llegan a quedarse sin respiración.

 

Y por qué os cuento todo esto, porque a veces cuando veo a las personas que siguen dietas exentas de algo, sin una enfermedad mediante, me cuesta entenderlo. Lo respeto, no soy quién para decir a nadie lo que se tiene que llevar a la boca, pero me cuesta porque sé lo duro que es bucear entre etiquetados. Aunque es más fácil que en nuestro caso. A ellos si les “cuelan” unas “trazas de…” en un restaurante, por ejemplo, no enferman, ven vulnerado y menospreciado su derecho a decidir qué comer, que oye no es poco, pero no enferman. Ayer mismo la noticia de la retirada de un lote de una bebida de soja de fresa y plátano de un famosísimo supermercado por contener trazas de leche me hizo saltar del sofá y comprobar el lote de los paquetes que tenemos en casa (os dejo el enlace al final por si alguien necesita comprobarlo también); para los que eligen este producto como parte de su forma de vida y alimentación la gravedad no existe.

 

Elegir una dieta vegana es muy lícito, siempre que no se haga por moda o porque es más “cool” y es importante informarse bien para suplir con otros alimentos los nutrientes que el cuerpo necesita. Pero, ¿qué ocurre cuando decidimos que nuestro bebé de siete meses también lleve una dieta vegana? Es evidente que lo eligen los padres, el niño de siete meses no ha dado su opinión al respecto. Pues para sorpresa de muchos, la Asociación Americana de Nutrición y Dietética calificó “las dietas vegetarianas o veganas bien planificadas como “apropiadas para todo el ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la niñez, la adolescencia o el deporte de élite”.

 

El problema es que hay muchos prejuicios al respecto, yo misma los tengo. Quizá noticias como la ocurrida hace unos años en Bélgica donde un bebé de siete meses murió por malnutrición y deshidratación tras haber sido alimentado con bebidas vegetales que sus padres vendían en su propio comercio de productos naturales no ayudan. Si sólo nos quedamos en estas líneas pensaremos que esto es una locura, y lo es, pero ¿sabéis realmente lo que es alarmante? Que a este bebé nunca le había tratado un pediatra. Sus padres le diagnosticaron intolerancia al gluten y alergia a la proteína de la leche de vaca (es a lo que me refería al principio con las dietas exentas de algún alimento sin enfermedad mediante y por seguir dietas punteras).

 

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Jugamos a ser médicos sin serlo. Si como padres decidimos elegir este tipo de alimentación para nuestros hijos lo primero que debemos hacer es acudir a su pediatra y que él nos guíe. Informarnos de cuáles son los alimentos que no pueden faltar en su dieta para evitar cualquier tipo de carencia. Si seguimos sus consejos es probable que en el carro de la compra de estas familias haya más variedad que en muchos de los que nos decantamos por incluir productos de procedencia animal. Al fin y al cabo las decisiones informadas son las acertadas.

 

Nuestro alergólogo ya nos ha dicho que le parece bien el uso de bebidas vegetales pero más por una cuestión social que nutricional.  Es normal que en casa tengamos este tipo de productos porque como niño que es en algún momento querrá tomarse su “leche con cacao” pero los objetivos nutricionales no los conseguimos de esta manera. Tenemos que sustituir por otros alimentos. Si pensamos en calcio siempre vienen a nuestra cabeza los lácteos pero los vegetales de hoja verde, los frutos secos, sardinas, salmón, legumbres… aportan, si no todo, gran parte de lo que necesitamos.

 

Los primeros meses de nuestros bebés son cruciales y como padres tenemos la obligación de asegurar el crecimiento y el desarrollo del niño. La leche materna es fundamental en este proceso y en caso de que no se pueda o no se desee establecer la lactancia materna será el médico el que nos diga qué leche adaptada de fórmula es la correcta para nuestro pequeño.

En nuestro caso después de 14 meses de lactancia empezamos con leche hidrolizada por la alergia del niño pero otros bebés pueden necesitar otras en función de sus patologías.

 

Pautas

Sea de la forma que sea, la Asociación Española de Pediatría deja claras algunas pautas:

  • Promoción de la lactancia materna.
  • Moderación en el consumo de carne, especialmente procesada.
  • Elección de aceite de oliva virgen extra en lugar de otros aceites.
  • Favorecer el consumo de frutas, verduras y pescado.
  • Asegurar el consumo de lácteos (500-1000 ml/día dependiendo de la edad.
  • Aumentar el consumo de hidratos de carbono complejos (pan, legumbres, pasta, patatas, cereales) y reducir el consumo de azúcar (dulces, bollería…).
  • Variedad en platos y recetas.
  • Agua como bebida de elección en detrimento de refrescos, zumos…
  • Disminuir el consumo de sal.
  • Enseñar a comer promoviendo los buenos hábitos en las comidas, principalmente el desayuno, y controlar la calidad de las comidas intermedias (meriendas, almuerzos…).

 

 

Fuentes:

https://elpais.com/economia/2018/05/29/actualidad/1527589457_287239.html?id_externo_rsoc=FB_CM

https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/alimentacion_escolar.pdf

https://elpais.com/elpais/2018/05/16/mamas_papas/1526500289_608184.html?id_externo_rsoc=FB_CM

https://blog.euromonitor.com/2017/10/quick-facts-vegan-vegetarian-products.html

http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2017/06/14/59417a49468aeba45c8b45d9.html

https://elpais.com/elpais/2017/05/18/mamas_papas/1495108435_665099.html

http://libredelacteos.com/nutricion/alimentos-ricos-en-calcio-que-no-son-lacteos/

https://www.aplicandoblw.com/2018/05/29/puede-tomar-soja-mi-peque/

 

 

 

Periodista Ana SevillanoAna Sevillano

Soy Ana, periodista y profesora de Secundaria, de lo primero ejercí durante algún tiempo como coordinadora de una revista dirigida a profes y mamis y papis de niños de 0 a 3, de lo segundo no literalmente, pero sí he trabajado varios años como guía de museos en Madrid para niños. Momento en el que entré en contacto con los más pequeños ya que las actividades eran para criaturitas a partir de tres años.

Sí, clases de 25 niños de tres años por un museo lleno de cosas que no se pueden tocar. Casi es más fácil desactivar una bomba. Sin embargo, esta experiencia fue muy especial, y por decirlo de alguna manera me ha marcado y ha convertido en la mamá que soy hoy. Porque sí, ¡ahora soy mamá!, quizá una mamá con más errores que aciertos, pero soy ni más ni menos la que le ha tocado a mi peque. Espero que mis artículos despierten vuestra curiosidad y si queréis leer más de mí estoy en treintamami.

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