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De la Hiperpaternidad a los niños blanditos

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Salíamos de clase, yo la última cerrando fila para que ninguno de los 25 niños de cuatro años que llevábamos se despistara por el camino o, mejor dicho, en medio de la marabunta. Éramos como estrellas de cine a punto de entrar en la alfombra roja. Al fondo un autobús nos esperaba pero montones de flashes nos cegaban. De pronto, el último niño de la fila se puso a llorar, a llorar de verdad, con sentimiento. Me paré y empezamos a hablar:

-Pero, ¿qué te pasa cariño?
-Es que mi mamá está trabajando y no ha podido venir a despedirme.
-No te preocupes, ¿sabes? Mi mamá tampoco ha venido a verme a mí, y mira que tenía yo ganas de verla pero estoy contenta porque voy contigo de excursión.
A todo esto el niño que iba de la mano del peque que no había podido resistir llorar en silencio miró a su compañero y le dijo:
– No te preocupes… Mi mamá ha venido porque está en el paro.

Y así seguimos avanzando hacia la multitud, siendo fotografiados decenas de veces y luchando por mantener el control de 25 niños que ante la presencia de sus, ahora puedo decirlo, hiperpadres ignoraban a sus profesores, educadores…

Con esta anécdota, totalmente real, casi sin darme cuenta aparecen dos de las características de este fenómeno más o menos reciente, o por lo menos reciente su catalogación, del que vamos a hablar hoy: padres que vigilan de cerca cualquier tipo de actividad que realicen sus hijos limitando su autonomía y libertad y que, al mismo tiempo, condicionan el papel de los profesores.

Sé de sobra que los tiempos han cambiado, pero a mí nunca vinieron a despedirme cuando me iba de excursión, y no porque mis padres fueran más despegados que el resto, es que no iban a despedir a ninguno de mis compañeros. Puede que al leer estas líneas muchos podáis pensar que es un artículo demagógico y especuléis con que es más que probable que cuando mi hijo vaya de excursión yo sea de esas madres que va a despedirle cámara en mano. De acuerdo. Pero, para cuando eso ocurra, quiero saber por qué lo hago, quiero saber que en ese caso seré un poco hipermadre y esto es lo que vamos a hacer hoy, desgranar este concepto para que podamos saber si somos o no hiperpadres y cuáles son sus consecuencias.

De mueble a altar: tipos de hiperpaternidad

Según Eva Millet en Hiperpaternidad (Ed. Plataforma Actual) estamos hablando de “estar encima del niño o la niña constantemente, atendiendo o anticipando cada uno de sus deseos, estructurándoles sus jornadas (ocio incluido) y solucionándoles cada problema que les surja”.

Para esta autora, a la que haré referencia a lo largo del artículo ya que su libro me parece el compendio perfecto para entender esta cuestión, hemos pasado del modelo mueble (actuar ante los niños como si fuesen muebles “ignorándolos hasta que se les pasara la rabieta o dejaran de dar la lata ya que distraerse era tarea de los niños, no de los padres, y ellos eran capaces de hacerlo solos”) al modelo altar (“niños convertidos en el centro de la familia, en el sol alrededor del cual orbitan los progenitores dispuestos a ejercer de hiperpadres”).

Dentro de este concepto Millet realiza una clasificación, no exenta para mí de dosis de humor, en la que divide la hiperpaternidad en distintos tipos. Para profundizar en ellos os aconsejo leer el libro porque es muy interesante, pero de momento os dejo con estas pinceladas, ¿estáis preparados?

Padres y madres Helicóptero

Desde que el niño nace sobrevuelan sin descanso la vida del mismo.

Padres y madre Apisonadora o quitanieves

Aquéllos que van quitando poco a poco todos los obstáculos con los que se pueda encontrar el niño.

Padres y madres Chófer

Del cole a clase de música, de clase de música al entrenamiento de fútbol, de ahí al cumple de fulanito y, cuando son más mayores, a recogerles por las noches cuando empiezan a salir.

Padres y madres Ultrasufridores

0 riesgos y daños para el niño.

Padres y madres Bocadillo (mi preferido)

Escena de parque. Un niño corre, se sube al tobogán, va de un lado a otro y su padre, madre o abuelo/a sigue su ritmo bocadillo en mano esperando el momento en el que el niño/a tenga a bien dar un mordisco a su merienda.

¿Os habéis reconocido en alguno de estos ejemplos? Si la respuesta es sí, no pasa nada, pero es importante conocer las consecuencias para determinar un cambio de actitud.

Con la hiperpaternidad se está creando una generación de niños con nula autonomía y cero responsabilidades. Con la supervisión constante de todos los aspectos de su vida, entre líneas le estamos diciendo “déjame que te ayude que tú solo no puedes”. Al mismo tiempo, el que mamá y papá estén en todo hace que el error como fuente de aprendizaje desaparezca, dando lugar a futuros adolescentes con miedo al fracaso y con baja tolerancia a la frustración, a la vez que se habla de la generación más miedosa de la historia, lo que se está catalogando como “niños blanditos”.

Mención aparte dentro de este fenómeno de la hiperpaternidad merecen los progenitores “avasalladores, prepotentes y sobreprotectores, además de los padres obsesionados con los resultados, la brillantez y las virtudes de sus hijos” (1). Hasta hace no demasiado tiempo este tipo de padres eran excepciones y, aunque hoy creo que afortunadamente todavía podemos decir que es así, cada vez nos encontramos esta versión de la paternidad de forma más extendida ya que se puede dar en muchos ámbitos.
Hace unos días se publicaba (2) que habían expulsado a dos padres de dos futbolistas de alevín (11-12 años) por insultos racistas al árbitro y posteriormente se había echado a los niños del equipo. Esos padres hooligans que poco ejemplo dan a sus hijos con ese ansia desorbitada por el triunfo olvidan que son niños. Niños en este caso que se han quedado sin equipo por el fanatismo de sus progenitores.

No podemos dejar de lado a los padres que son capaces de discutir acaloradamente con los maestros por cualquier calificación. Me viene a la mente la típica viñeta en la que unos padres en 1969 recriminan a su hijo por sus malas calificaciones y  actualmente reprenden al profesor por el mismo hecho. Reforzar las ganas y el esfuerzo, no el resultado sería la opción correcta, así como alinearse junto al profesor pues entre ambos se está generando la personalidad del adulto que ese niño será en el futuro.

hiperpaternidad y niños blanditos

Padres para los que hacer los deberes es una tortura, porque sí, los deberes también los hacen ellos y es muy común oírles hablar en plural diciendo no entender cómo “hemos podido suspender con todo lo que hemos estudiado” o lo que les costó ayer hacer los deberes de una determinada materia. Este personalismo es otra de las características que se determina en “Hiperpaternidad” (E.Millet) porque desde muy pequeños estamos muy contentos porque “ya comemos carne” o porque “por fin hemos dado los primeros pasos”. Siempre en plural.

Volviendo al tema de la viñeta, quizá en esa primera parte, en 1969 una huelga en contra de los deberes no se hubiera dado, sin entrar en polémicas o en si me parece bien o mal, los padres no saldrían a la calle para pedir la eliminación de las tareas en casa porque eso era cosa de los niños y era su obligación llevarlas al día y estudiar.

Esta semana también está teniendo lugar una campaña (3) con la que se reivindica el papel del profesor como #realinfluencers (3.2): “Personas como tú y como y yo, pero con un poder extraordinario. El poder de enseñar, el poder de colocarse frente a decenas de estudiantes y cada día transferir sus conocimientos, el poder de aconsejar, el poder de ser escuchados, el poder de instruir”. No podemos olvidar que la imagen que siempre han tenido los profesores en la sociedad poco a poco ha ido deteriorándose y, aunque evidentemente son muchos los factores, esa pérdida de autoridad puede ser uno de los puntos clave.

Madres agenda: estrés y competitividad

Los horarios de los niños son más estresantes que los de muchos adultos. Viven en un continuo “Corre, corre que llegamos tarde” y, aunque esto daría para un artículo en profundidad sobre las causas (como podría ser la nula conciliación que hay en este país), es cierto que los hiperpadres ven en las actividades extraescolares una necesidad, un eslabón más en la carrera frente a otros padres porque la hiperpaternidad también es competitividad. Preguntas como ¿aún no habla inglés? o ¿no le has puesto profesor particular? son un clásico. Ante esto, ¿qué hiperpadre quiere quedarse el último? Y los niños, ¿qué sienten? Pues como decía Josefina Aldecoa en una reunión con E. Millet  “no tienen tiempo para jugar y en estas edades todo lo que no se haga como un juego no funciona“.

El derecho a jugar está reconocido por las Naciones Unidas y esta falta de tiempo vulnera este derecho. No es que las extraescolares sean malas, pero sí lo son en exceso”.

Por otro lado, con los móviles llegó el control absoluto, el arma que todo hiperpadre estaba esperando y no hablemos ya de los grupos de WhatsApp.
Que al niño se le olvidan cuáles son los deberes de mates que tiene que hacer, no pasa nada porque su hipermadre lo va a preguntar. Aún recuerdo la carta (4) que se hizo viral de la coach e ingeniera Noelia López donde le decía a su hija “cariño, no es mi responsabilidad que se te hayan olvidado los deberes, es la tuya, por lo tanto mañana dices a la profesora que no los llevas porque se te olvidaron y que la próxima no se te olvidarán. ¿Qué estamos consiguiendo con ser agendas o ayudantes particulares en todo momento de nuestros hijos?”.

Niños aburridos, generación del mando a distancia

Madre distrae a su hija con el ordenador

La diversión y capacidad de entretenimiento de los niños también recae en los padres. Son pequeños con baja tolerancia al aburrimiento. Necesitan vivir una experiencia extraordinaria detrás de otra y los hiperpadres están “obligados” a proporcionárselas porque “el estar muy ocupado y no tener tiempo de nada también es estatus. No está bien visto estar sin hacer nada”. (E. Millet).
Esto es lo que yo llamo la generación del mando a distancia. Si algo nos aburre en la tele cambiamos de canal una y otra vez, el cambio es inmediato y eso mismo es lo que queremos en la vida. Un mundo delirante y compulsivo.

Infancias en cautividad

Otro rasgo característico de la Hiperpaternidad es el déficit de naturaleza y de juego al aire libre. Propiciado por la propia evolución de la sociedad y de las ciudades los niños ya nunca van solos, no juegan solos en la calle y esto también merma su autonomía. El peligro también dificulta la vida a los hiperpadres. Sus hijos están entre algodones y, sin embargo, el riesgo también forma parte del aprendizaje.

Underparenting y límites

Los niños necesitan límites, les hace sentirse seguros por lo que según Millet debemos decir por lo menos una vez al día: NO.
En resumen, quererles hasta no poder más, darles una seguridad afectiva sin límites pero también decir no. En definitiva, realizar el underparenting, es decir, dejar hacer, “no anticipar posibles contratiempos, no ponerse de los nervios ante cualquier posible malestar del niño. Intervenir sólo si la observación nos dice de forma contundente que algo pasa” (1).

Ares González, profesor de Educación Infantil y Director de “Alaya Difundiendo Infancia”, en un artículo de la semana pasada (5) decía “Aquello a lo que le daba vueltas es a cómo hará esta generación para saber el valor de las cosas si viven en una abundancia material; cómo desarrollarán algo tan valioso como la superación personal o el sentido del esfuerzo para conquistar retos si los adultos nos anticipamos a sus necesidades y resolvemos por ellos; cómo harán cuando tengan que enfrentarse a la realidad de la vida y salgan de su burbuja…” y se despedía con una frase de María Montessori “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”, te la robo Ares y se la cojo prestada a María Montessori y con ella también me despido yo.

 

Fuentes

(1) Millet, Eva (2016). Hiperpaternidad. Barcelona. Plataforma Editorial
(2) http://cadenaser.com/programa/2017/01/30/la_ventana/1485790785_779351.html
(3) http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2017/01/3/588eec54e2704e0a5c8b457a.html
(3.2) http://www.realinfluencers.es/
(4) http://www.abc.es/familia/20150118/abci-madre-deberes-hija-niega-201501181718.html
(5) http://www.alaya.es/2017/01/25/dales-los-ninos/

 

Periodista Ana SevillanoAna Sevillano

Soy Ana, periodista y profesora de Secundaria, de lo primero ejercí durante algún tiempo como coordinadora de una revista dirigida a profes y mamis y papis de niños de 0 a 3, de lo segundo no literalmente, pero sí he trabajado varios años como guía de museos en Madrid para niños. Momento en el que entré en contacto con los más pequeños ya que las actividades eran para criaturitas a partir de tres años. Sí, clases de 25 niños de tres años por un museo lleno de cosas que no se pueden tocar. Casi es más fácil desactivar una bomba. Sin embargo, esta experiencia fue muy especial, y por decirlo de alguna manera me ha marcado y ha convertido en la mamá que soy hoy. Porque sí, ¡ahora soy mamá!, quizá una mamá con más errores que aciertos, pero soy ni más ni menos la que le ha tocado a mi peque. Espero que mis artículos despierten vuestra curiosidad y si queréis leer más de mí estoy en treintamami.

1 comentario en “De la Hiperpaternidad a los niños blanditos

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