Palabras malsonantes

Palabras malsonantes. Palabras demasiado grande para sus pequeñas bocas
Palabras malsonantes

Palabras mal sonantes, esas que no caben en la boca de los más pequeños, esas que al oírlas salir de sus pequeños labios nos golpean. Las palabras malsonantes, soeces o palabrotas nunca serán aceptadas en nuestra familia, ni mi mujer ni yo hablamos de esa manera, respetamos a los que las usan, o a los que no les dan importancia. Para nosotros es importante lo que sale de la boca, lo que se expresa y cómo se expresa.

Debemos cuidar y proteger a los niños de este tipo de palabras. En muchos casos los padres alardean y se ríen de que sus pequeños usen expresiones malsonantes, les hace gracia oír como sus hijos dicen o utilizan palabrotas. Para nosotros es algo lamentable presenciar este tipo de escenas.

La otra tarde en casa Tomás soltó una de esas palabras, de buenas a primeras, de sopetón y mi mujer y yo nos quedamos callados mirándonos. Tomás esperó nuestra reacción. Nos miramos y no le dimos más importancia, pero al rato volvió a hacerlo y viendo que no reaccionábamos nos dijo:

-¿No hace gracia?

-No Tomás, la verdad es que no tiene gracia.

Tomás se quedó muy serio y nos dijo:

-La yaya se ríe

La yaya es mi suegra, una vez cada 2 ó 3 semanas se queda cuidando a Tomás, es una de las maneras que tenemos de que pase tiempo con su abuela. Mi suegra es una mujer encantadora y muy simpática, pero a la hora de hablar adorna cada frase con una palabra malsonante, un taco…

Palabras demasiado grande para sus pequeñas bocas.

Le hemos pedido en alguna ocasión que tenga cuidado, no queremos que Tomás empiece a ampliar su vocabulario por esa vía.

Este es un tema delicado, en la calle, en los parques, en cualquier entorno se usan, se dicen sin parar y sobre todo se ríen, suena gracioso y simpático, casi siempre acompañado de un es cosa de niños.

Las palabras malsonantes no deben estar en el vocabulario de los pequeños, es cuestión de educación, por lo menos del modo en el que nosotros entendemos la educación.

Esas palabras los niños las hacen suyas, las pronuncian sin conocer su significado y sobre todo, les hace ser el centro de atención. No queremos eso con Tomás.

Lo que hemos hecho es lo siguiente, nos hemos sentado con él y le hemos explicado que esas palabras no son bonitas, que pueden hacer sentir tristes a otras personas y sobre todo a papá y mamá. Tomás parece que ha recogido el mensaje.

Hemos usado el mejor argumento posible ¿Papá y mamá las usan? Tomás se ha quedado callado, sabía que la respuesta era ¡No!

Al final siempre volvemos a lo mismo, somos sus referentes, su ejemplo a seguir(revisar entrada a este respecto). Rara vez harán o dirán aquello que en casa no oyen ni ven.

Nunca olvidemos esto, nuestros hijos nos miran, nos vigilan, nos observan de manera continua y al final nos imitan.

Esperamos que esta experiencia vivida os pueda ayudar, nos encantaría oír vuestras opiniones al respecto.

Un abrazo.

Padres Novatos

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