La inteligencia emocional

Cuando habitualmente aludimos a la inteligencia de una persona, hacemos referencia implícitamente a unas capacidades cognitivas o mentales, a una capacidad de manejar la información que tiene que ver con el razonamiento, la memoria, el factor verbal, el espacial y el numérico. Sin embargo, las emociones, los afectos, los estados de ánimo y los sentimientos son una parte de la condición humana muy importante.

Ambas inteligencias, la inteligencia emocional y la cognitiva son necesarias y complementarias para un desarrollo personal y social adecuado.

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La inteligencia emocional, al igual que el resto de las inteligencias tiene su sede en el cerebro humano. El hemisferio derecho es el hemisferio de la novedad, el hemisferio aventurero, el explorador de lo desconocido. El hemisferio izquierdo es el depósito del conocimiento sintetizado. A medida que pasamos de la infancia a la edad adulta, acumulamos patrones que nos permiten acometer situaciones nuevas como si fuesen familiares. Por ello es de vital importancia un desarrollo adecuado del hemisferio derecho en la infancia, lo que tendrá grandes y positivas consecuencias para la madurez.

Las habilidades emocionales van surgiendo de manera evolutiva, son observables a través de las manifestaciones del niño desde los primeros meses de vida y su desarrollo aumenta con la edad. A los cuatro años, los niños, ya son capaces de las primeras habilidades auto perceptivas y se encuentran profundizando la individualización empática, siendo capaces de verbalizar historias acerca de lo que significa cada expresión emocional observada; también empiezan a transitar por cierto autocontrol emocional. Este control se consolida a los cinco años, edad en la que ya denominan las emociones observadas en los demás. A los seis años podremos hablar ya de una empatía cognoscitiva y la posibilidad de reconocer en sí mismo que las emociones no se producen aisladamente, sino que pueden convivir unas con otras y que, incluso, pueden ser contradictorias, como el amor y el odio.

La vida familiar, en sus relaciones entre padres e hijos, es la que debe proporcionar a todos los miembros el necesario equilibrio y seguridad emocional. La educación emocional de los hijos forma parte del proceso educativo general que los padres desarrollan en su atención diaria. Los padres ejercen un papel fundamental en la evolución de las competencias emocionales de los hijos; esto se consigue a través del desarrollo de la inteligencia emocional en ellos mismos y de la aplicación educativa a sus hijos. Los padres no deben evitar, desde el punto de vista de la salud psicológica, que sus hijos se emocionen y expresen lo que sienten. Si experimentan miedo, enfado o rabia, deben poder comunicar estas emociones a las personas que los quieren y pueden ayudarlos. Sin embargo, es la modulación de la vivencia de esas emociones, es decir, la repercusión interna en el niño, así como la expresión y comunicación de las mismas, la clave del bienestar personal. Los padres irán ayudando a esa modulación en las emociones de sus hijos.

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Son numerosas las situaciones conflictivas en el seno de la familia que ponen a prueba la inteligencia emocional de los padres, en primer lugar para mantener ellos mismos la necesaria serenidad, y en segundo por la alteración del estado de ánimo de los propios hijos. No es una tarea fácil, pero los padres, que siempre intentan educar a sus hijos del mejor modo posible, podrán tener resultados más que satisfactorios siendo un modelo emocional de equilibrio para sus hijos. Ello no significa que tengan que inhibir la propia emocionalidad; al contrario, debe expresarse, comprenderse y regularse.

Enfadarse es muy fácil, pero hacerlo con la persona indicada, en el momento oportuno y con la intensidad adecuada, eso es más difícil.

Estas palabras de Aristóteles, escritas justamente para su hijo en su Ética a Nicómano, podrían sintetizar a la perfección la función de los padres en el desarrollo de la inteligencia emocional de sus hijos. La dedicación y atención a este aspecto tan importante tendrá sus frutos, ya que incidirá de manera clara en lograr el bienestar de los padres y de los hijos.

Pury Estalayo

Asesora educativa de Jelly Jamm

 

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