padre feliz con su hijo

¿Soy un buen padre? Reflexiones de un padre novato

padre feliz con su hijo

Ser padre es uno de los acontecimientos más importantes, significantes y trascendentes de nuestra vida. Hace que te replantees tus objetivos, tus metas, tu madurez… hace que te lo replantees todo…

El ser humano nunca deja de aprender. Desde los primeros minutos de vida, los estímulos nos enriquecen y nos “enseñan” a enfocar la vida. Luego llega el primer hijo y el mundo se convierte en algo muy diferente a lo que había sido hasta ahora, todo adquiere un cariz extraño y desconocido.

La realidad supera a la expectativa y, cuando te vuelves consciente de la importancia de ser padre, es algo magnánimo, pero al mismo tiempo muy aterrador y comenzamos a evaluarnos constantemente.

El padre: ¿se hace o se nace?

Admito que, en ocasiones, la situación se me va de las manos. Un hijo lo remueve todo, te ofrece una nueva perspectiva. Una vez leí que nunca se deja de ser padre, no importa el tiempo ni la distancia que os separe, siempre tendrás ese instinto protector con él/ella. Hoy día medito esas palabras y pienso “qué gran verdad”.

La vida cambia con la llegada del primer bebé. Recuerdo perfectamente cómo era mi vida antes de tener a mi hijo:
Tardes de deportes, tardes de amigos, tardes de cine… ahora todo es “llego tarde”. No es que mi primogénito haya convertido mi realidad en un infierno, pero ahora llevo un “peso extra” sobre mis hombros y, aunque puedo pasar las tardes de deportes, de amigos y de cine hay una personita que nunca sale de mi cabeza.

Tres se convierten en dos pensando en uno

La semana pasada salí como mi mujer a cenar y dejamos a Tomás con mis suegros. Creo que no os lo he dicho, el amor de mi vida se llama Tomás.

Necesitábamos una cena tranquila, de conversaciones no interrumpidas, de silencios, en definitiva, una cena de pareja. Una de las cosas que más se descuidan con la llegada de un niño es la pareja. Sin quererlo, dejamos de ser amantes, compañeros, confidentes y pasamos a ser padres.

La cena fue genial, nos divertimos mucho, pero en ningún momento Tomás desapareció de mi pensamiento:
Qué estará haciendo, habrá cenado, se estará portando bien, lo mucho que le hubiera gustado el color de las servilletas… mi mundo tenía un nuevo dueño y ya nunca más sería yo.

¿Cómo ser un buen padre?

Hay días en los que no puedes más, ser padre puede ser agotador, pero paradójicamente tampoco puedes estar sin él. Son como una fuente de energía inagotable que se trasmite con su sola presencia. Te miran y todo cambia, sonríen y todo se ve diferente.

Una anécdota con trascendencia

Una tarde, Tomas me encontró muy serio, con la mirada perdida y algo agobiado. Inmediatamente se puso a bailar, porque es un payaso y sabe que siempre me hace reír. Pero aquella tarde, aunque lo miraba, no lo veía, seguía distraído con todo aquel peso del trabajo regurgitando en mi cabeza. Él se fijó, dejó de bailar y se acercó a mí:

-Papá, ¿estás triste? -su voz aguda me hizo reaccionar.

-Estoy serio por cosas del trabajo -él me miró fijamente durante algunos segundos y me contestó con esa franqueza y veracidad que sólo tienen los inocentes- A mí también me pasa algunas veces, el cole no es siempre divertido. ¿Tu trabajo siempre es divertido?

relación padre e hijo

Así que me desternillé. Reí, reí y reí sin parar, ¡qué otra cosa podía hacer!. Él comenzó a reír también, yo creo que no sabía muy bien porqué pero ahí estábamos los dos, riendo sin que nada más importara, enseñándome su incompleta dentadura.

Le dio la vuelta a mi día. Fue capaz de hacerme olvidar mis agobios, mis problemas y centrarme totalmente en él.

Hay días en los que me cuesta prestarle atención, si por él fuera me tendría todo el día escuchando sus historias, sus sueños, sus preguntas sin sentido… Luego recuerdo anécdotas como la arriba y pienso: si soy un buen padre, él me ha permitido serlo.

No soy perfecto, no lo he sido como ser humano y no creo que lo vaya a ser como padre sino. Los padres perfectos no existen y eso no lo digo yo, lo dice nuestro colaborar y experto Borja Quicios.

Tendré tiempo para él… mañana…

Esos días en los que me resulta exasperante pienso que no siempre será así, que llegará el día en que no me necesite como ahora, que sus amigos o su pareja ocupen todo su tiempo y entonces seré yo el que le mendigue unos minutos de su interesante vida en su apretada.

Nos engañamos pensando que no se dan cuenta de las cosas, que dentro de un par de años le dedicaremos más tiempo. La vida pasa muy deprisa y, sin darnos cuenta, habrán crecido y nunca más volverán a ser nuestros pequeños.

Hagamos con ellos ahora todo lo que no pueden evitar que hagamos, besémoslos, abracémoslos, comámonoslos a pequeños bocados…

No quiero pensar en cuando crezcan, quiero disfrutar el día de hoy con la ilusión que él me muestra cada día.

padre e hijo haciendo cosas juntos

Sé que llegarán esos días, días en que lo extrañe, días en que no hablemos, pero aún me queda presente y aún no he aprendido cómo ser padre. ¡Necesito más tiempo!

Porque en esto de la paternidad, ellos son los maestros y nosotros los aprendices.

Pd: Padre Novato

¿Y tu, tienes la suerte de ser un buen padre?

Déjanos tu comentario ;).

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