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Cómo responder a las preguntas complicadas de los niños

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¿Cuántas preguntas puede hacer tu hijo por minuto? ¿Lo has calculado? Si es así, te habrás dado cuenta de que su capacidad para plantearte cuestiones es infinita. Y cuando esto ocurre, y nos vemos de repente envueltos en una gran cantidad de preguntas complicadas que llevan a otras y estas a otras…

 

¿Qué podemos hacer para saciar su curiosidad y asegurarnos de que recibe una información adecuada a su edad y nivel de madurez? Esto es tan habitual, que incluso esta fase de la infancia ha recibido un nombre: «La etapa de los por qués». Lo curioso de todo esto, es que en muchas ocasiones su dudas nos generan más dudas a nosotros y en buena parte de los casos incluso podremos recibir lecciones por parte nuestros propios hijos. ¡Como lo oyes!

 

Sin embargo, en muchas ocasiones esto puede suscitarnos una gran cantidad de dudas y puede que no sepamos cómo responder siempre a estas circunstancias. Es por eso, que hoy te vamos a dar algunos consejos para solventar de una forma eficaz las dudas más complejas y disparatadas de los más pequeños.

 

La naturalidad nunca falla

Por muy complicada que pueda resultarte la pregunta que acaba de hacerte tu hijo, trata de evitar que la respuesta sea compleja. Nuestro principal reto va a ser adaptar la información que tenemos a sus conocimientos y tratando de emplear palabras llanas y sencillas de comprender. El uso de tecnicismos o eufemismos sólo derivará en mayores preguntas y es muy probable que así acabemos yéndonos por las ramas sin dar una respuesta clara y precisa a las dudas de nuestros pequeños.

 

Por otro lado, es muy común que tengamos un idioma algo peculiar o utilicemos palabras inventadas y cariñosas para hablar con nuestros hijos. A menudo estas palabras tienen unos significados difusos, poco claros y pretenciosos. Si este es tu caso, trata de evitar este tipo de palabras y formas de discurso porque una vez más la respuesta que estarás dando será poco clara.

 

Trata de ser respetuoso

Está claro que tu objetivo no va a ser faltar al respeto de tus hijos o herirles, pero a veces las cosas se pueden confundir. Si por ejemplo escuchamos una pregunta extremadamente surrealista y que nos saca irremediablemente una carcajada debemos tener cuidado. Imagina que tu hijo te pregunta «Papá ¿Por qué no tienes vagina?», en este tipo de casos puede resultarnos cómico y si nos pilla de improvisto puede hacer que rompamos a reír.

 

Si esto ocurre, intenta que quede 100% claro que no te estás riendo de su pregunta, ni mucho menos de él. Trata de ponerte en su situación y ten en cuenta que para él prácticamente todo aquello que le rodea es una novedad que le suscita una cantidad enorme de dudas. Dentro de su pequeño mundo, no existirán las preguntas tontas o descabelladas.

 

¿Y si no puedes atender todas sus dudas en ese preciso momento?

Es muy común que una pregunta derive en otras y estas en otras y entremos en un bucle de preguntas que nos lleve demasiado tiempo. Si esto se da cuando necesitamos hacer algo y no podemos invertir tanto tiempo a sus preguntas, debemos intentar explicarle que no podemos continuar en ese bucle. Es importante que tengas en cuenta que una pregunta es un reflejo de algo muy positivo: La curiosidad.

 

Esta es una de las capacidades más potentes de los pequeños y si nos dedicamos a cortarla habitualmente podemos darle el mensaje equivocado de que «tener curiosidad es malo o inútil». Por eso siempre será recomendable que tratemos de hacerle ver que es algo muy bueno y que sus preguntas nos resultan interesantes. Para salir de este tipo de situaciones en momentos inadecuados podremos decirle que ente momento no podemos seguir haciendo preguntas pero que más tarde le resolveremos todas sus dudas. De este modo le estaremos diciendo que su curiosidad es importante, pero que en estos momentos hay cosas que necesitamos solucionar.

 

Adiós a los tabús

Deberás tener en mente algo muy importante: No puede existir un tema del que no se pueda hablar. Con el afán de proteger a nuestros hijos es muy probable que decidamos que existen temas «aptos» y temas «no aptos», pero esto puede traer malas repercusiones. Si nuestro hijo nos hace una pregunta es porque tiene no entiende algo y necesita comprenderlo par saciar su curiosidad y obtener tranquilidad ante sus dudas.

 

Si nuestro pequeño nos hace una pregunta de forma directa y nosotros evitamos el tema o incluso lo ocultamos es muy probable que lo perciba como algo negativo. No serán los temas de conversación aquello que debamos evitar, de hecho cualquiera de ellos podrá ser tan apto y viable como cualquiera. Nuestro trabajo consistirá en elegir cómo dosificamos esa información y qué información le damos, también cómo se la damos será realmente importante. Uno de los temas que más reparos puede suscitar es el tema de la reproducción y la secualidad.

 

Si este tema surge, es importante que aprendamos a tratarlo con total normalidad y además deberemos asegurarnos de que la información que están recibiendo por nuestra parte es totalmente clara y adecuada a su edad. Si esquivamos algunos temas, en primer lugar estaremos transmitiendo el mensaje de que un determinado tema es algo negativo y a evitar. Sin embargo, también tenemos que tener en cuenta que lo que están tratando de hacer es obtener información.

 

Cuando nos plantean cualquier cuestión, nos están diciendo que les falta información. Es muy probable que tengan una pequeña porción de información y nos estén pidiendo ayuda para completar sus dudas. Sin embargo, si les negamos esta ayuda, lo más probable es que utilicen la imaginación para obtener una respuesta al problema que se les presenta. Una vez más, debes tener en cuenta que su capacidad inventiva y creativa es brutal, por lo que es muy probable que imaginen respuestas muy distintas o respuestas peores, lo cual puede desembocar en un desasosiego nada recomendable. Sobre todo cuando el tema o la cuestión está en relación con temas complejos como la muerte, el resultado puede ser una idea más preocupante y perturbadora de lo necesario.

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¿Cuántas preguntas puede hacer tu hijo por minuto? ¿Lo has calculado? Si es así, te habrás dado cuenta de que su capacidad para plantearte cuestiones es infinita. Y cuando esto ocurre, y nos vemos de repente envueltos en una gran cantidad de preguntas complicadas que llevan a otras y estas a otras...
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