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Normas, ¿hay que marcar límites en la educación infantil?

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Una educación requiere necesariamente un sistema de reglas que garanticen cierto orden. Para que exista una relación de cooperación participación efectiva dentro del hogar, es muy importante que contemos con un sistema de normas basado en la lógica y hagamos uso de la firmeza y la autoridad para asegurarnos de que se aplican. Sin embargo, en el día a día podemos encontrarnos con situaciones complicadas o desagradables que pueden degenerar en faltas de respeto, ataques o malas formas.

 

Estas reacciones por nuestra parte se producen en muchas ocasiones por propias deficiencias comunicativas por nuestra parte. En muchas ocasiones los problemas de obediencia suelen estar relacionados con una mala transmisión del mensaje. Esta falta de claridad unida a una falta de autoridad o un exceso de autoridad pueden desarrollar problemas comunicativos que con el paso del tiempo pueden agravarse. Por esto, es importante que desde un primer momento tratemos de llevar un control de la situación sin renunciar a la calma, la ecuanimidad y sobre todo el amor.

 

Cuando necesitamos delegar alguna responsabilidad o dar una orden a uno de nuestros hijos, se hace necesario conocer una serie de herramientas y estrategias. Procura hacer un seguimiento de la capacidad de obediencia de tus pequeños sin perder de vista tu discurso, cuáles han sido tus errores o tus aciertos.

 

A continuación te dejamos algunos consejos que mejorarán la comunicación dentro del hogar y el cumplimiento de las normas de convivencia:

La objetividad jugará a tu favor

Uno de los puntos clave para facilitar la diligencia de tareas y la obediencia de nuestros hijos es asegurar la correcta transmisión del mensaje. Si nuestros hijos saben exactamente qué es lo que queremos tendremos la mitad del trabajo hecho. El problema en la gran mayoría de los casos está en errores a la hora de enunciar las peticiones o normas. Es muy común escuchar frases como “no seas malo”, “pórtate bien”, “sé inteligente”. Si este es tu caso, descubrirás que el mandato resulta mucho más efectivo si aprendes a concretar qué es exactamente lo que necesitas o demandas de tu hijo.

 

Las frases anteriores las podemos sustituir por “no te burles de tus amigos en el colegio”o “haz los ejercicios que te ha mandado tu profesora”, lo que hará que nuestro hijo entenderá mucho mejor cuáles son nuestras exigencias. Si vuestra comunicación mejora, es muy probable que su conducta también lo haga. Por ello, evita utilizar palabras subjetivas, abstractas o difíciles de interpretar. Concreta, especifica y los resultados mejorarán.

 

Capacidad de elección

Es muy probable que nuestro hijo no quiera obedecer o cumplir algunas de nuestras normas en algún momento. Para manejar mejor estas situaciones existen estrategias tremendamente útiles para lograr una mayor participación y obediencia por parte de nuestro pequeño. Una de ellas se basa en la libertad de oportunidad. Si damos a escoger a nuestro hijo cómo desarrollar nuestra norma o petición, las probabilidades de que obedezca serán mucho mayores. Por ejemplo: Es hora de hacer los deberes. ¿Quieres empezar por los de inglés o los de matemáticas?

 

Mantente firme

Hay ocasiones y temas importantes que requieren la aplicación de los límites con firmeza, sobre todo aquellas ocasiones donde percibimos una gran resistencia por parte de nuestro hijo. La firmeza puede manifestarse de una forma más liviana o suave (dando a nuestro hijo la oportunidad de decidir) o puede ser de forma más autoritaria (exigencia que no admite réplica). Un ejemplo de la primera modalidad sería: ¿Por qué no recoges tus libros?, mientras que un ejemplo de la segunda sería algo como “Recoge tus libros ya”. Dependiendo de las circunstancias será necesario adoptar una actitud más autoritaria e inflexible, sobre todo en aquellas ocasiones donde la resistencia sea elevada.

 

La positividad como herramienta

Seguramente ya te has dado cuenta de que cuando hablamos desde el optimismo y centramos la atención de nuestros hijos en aspectos positivos, es mucho más probable que obedezcan. Sin embargo, esto no siempre puede ser así y necesitamos establecer más distancia e imponer directamente normas. En estas situaciones será muy importante que te centres en un discurso positivo, es decir, en lugar de decirle lo que no tiene que hacer, dile lo que tiene que hacer. En vez de “no grites”, puedes decirle “habla bajo”.

 

Dale razones para obedecer las normas

A veces nuestros hijos no obedecen ciertas normas precisamente porque no son conscientes de lo que significan ni saben qué importancia tiene su cumplimiento. Si por ejemplo, nuestro hijo descubre que no puede abrir la ventana del dormitorio porque sería peligroso para sus hermanos, será más probable que obedezca. Si simplemente le comunicamos que no puede abrirla, no entenderá las dimensiones de la norma y por lo tanto y por falta de conocimiento desobedecerá.

 

Alternativas viables

En muchas ocasiones cuando ordenamos un mandato a nuestro hijo, es muy recomendable proporcionar una alternativa siempre que sea aceptable. De este modo sonaremos menos negativos y por otra parte se sentirá aliviado porque así mostraremos que sus emociones y deseos también son importantes. Si por ejemplo no puede pintar las paredes de casa con un rotulador, será conveniente que le recordemos que no puede pintar las paredes de casa pero sí que puede pintar sobre un cuaderno.

 

La firmeza ayuda a la creación de hábitos

Si establecemos una norma, deberemos asegurarnos de que las condiciones de dicha norma son inamovibles. De lo contrario estaremos invitando a la generación de resistencias y por lo tanto a la desobediencia. Al establecer por ejemplo la hora de ir a la cama, por ejemplo, a las 21:00 horas, deberemos asegurarnos de que todos los días se nuestro hijo irá a dormir a las 21:00 horas. De lo contrario, es muy probable que se resista a obedecer nuestra petición.

 

Control emocional

En ocasiones nos encontraremos con situaciones desagradables o actos de rebeldía. Es muy importante que sepamos gestionar estas circunstancias y de ser necesario, antes de actuar, nos tomemos unos minutos para meditar. De este modo evitaremos riñas o discusiones más agresivas de lo conveniente. Antes de entrar en cólera, procura relajarte y afrontar la situación con calma pero sin renunciar a la firmeza.

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