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Mis peores enemigos se llaman moco y tos

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Mientras escribo estas líneas miro de reojo el altar que tengo montado en el salón. En esta casa mostramos pleitesía al termómetro, paracetamol e ibuprofeno (aquí entre madres y padres más conocidos como Apiretal y Dalsy) y suero, mucho suero para combatir los resfriados.

 

Llevo una semana queriendo escribir este artículo y no dejarlo todo para el último día pero todo en mi vida desde el mes de septiembre (cuando mi hijo empezó a ir a la escuela infantil por primera vez) está limitado por mis enemigos. Os los presento, se llaman moco y tos. Debemos ser muy buenos anfitriones porque no nos abandonan. Sólo nos han dado tregua durante las vacaciones de Navidad que tuvieron a bien dejarnos disfrutar de esas semanas.

 

Y diréis “bueno si sólo son mocos y tos no es tanto”. Pues nada más lejos de la realidad. Estos dos personajes son el principio de todo mal.

 

Ayer mismo lo hablaba con Treintapapi y le decía ¿te has dado cuenta que llevamos desde septiembre recogiendo vómitos? Pues sí, y no precisamente por virus intestinal (cruzo los dedos). En esta casa los ataques de tos son sinónimo de vómitos. Pero sí, un niño puede tener durante el curso escolar entre 5 y 6 catarros, cada uno con su duración, recuperación… es decir, nos tiramos de septiembre a junio tirando de pañuelos, entre otras muchas cosas.

 

Estos días lo que nos ha acompañado es la otitis y sus correspondientes fiebres altísimas. Vamos, que una ya se hace experta en todas las –itis del mundo.

 

Para continuar el artículo vamos a hacer un repaso de todas estas enfermedades y síntomas que nos acompañan durante el curso escolar. Como no soy pediatra, ni pretendo dármelas de tal, mi referencia, entre otras, a la hora de escribir este artículo ha sido Lucía Galán Beltrán (más conocida como Lucía mi pediatra) os dejo el enlace a su página web donde podéis ampliar estos temas con más detalle y evidentemente contados por una profesional.

 

Virus y Bacterias

Sabéis esa frase típica de padres de ir al pediatra y salir diciendo “pues no me ha mandado nada, ni antibiótico ni nada, para esto la verdad no vengo”. Pues a pesar de ser típica cuando la decimos no tenemos mucha razón. No es lo mismo una afección vírica que bacteriana y su tratamiento por lo tanto no es el mismo.

 

En el caso de las amigdalitis, las víricas suelen ser más leves y presentan garganta enrojecida, mocos, fiebre, tos. Al ser vírica no se trata con antibióticos y remite en pocos días. Por otro lado, estarían las amigdalitis bacterianas que sí se tratarían con antibiótico. Fiebre elevada, dolor de garganta fuerte, las famosas placas… y ahí sí saldríamos de consulta con la receta bajo el brazo. Eso sí, si el médico nos dice diez días con el tratamiento, diez serán los días que tendremos que mantener las pautas que nos han establecido, nunca menos pues lo último que queremos es que nuestro hijo recaiga ¿no?

 

Tos

Es cierto que cuando has estado batallando con fiebre alta, ataques de tos… salir de consulta con las indicaciones de hacerle lavados nasales, incorporarles un poquito para dormir y mantener al niño hidratado nos sabe a poco pero es que en muchas ocasiones no se puede hacer nada más. Seguro que muchos saldríamos más tranquilos con una receta de un jarabe en nuestro poder pero mucho cuidado con este tema: jarabes con codeína a los niños menores de 12 años NO. La codeína puede transformarse en morfina al pasar por el hígado y puede ser tóxica.

 

Además la tos es el sistema que tiene nuestro cuerpo para mover el moco y expulsarlo, ya sea vomitando (como es el caso de mi hijo),  en las heces, por la nariz, escupiéndolo… Si la tos es muy insistente por las noches y no permite que el niño descanse entonces sí podemos preguntar a nuestro pediatra por un jarabe adecuado que le calme.

 

En casa tenemos un jarabe (indicado a partir de un año) que es todo natural, plantitas con miel y limón para suavizar y evitar ese picor tan molesto que nos hace toser.

 

Fiebre

La fiebre nos asusta, claro que nos asusta y si es alta como la que tuvo mi hijo este fin de semana mucho más.  Pero este síntoma es una barrera defensiva contra las infecciones, es la forma que tiene nuestro cuerpo para luchar contra los intrusos que están por nuestro organismo. Evidentemente esto de que el miedo ante la fiebre no tiene que paralizarnos y tenemos que tomarlo con calma no se aplica en todos los casos: si tenemos un bebé pequeñito, si no remite en dos o tres días, si hay manchas rojas en la piel, si hay convulsiones, si no come o rechaza líquidos… hay que acudir al médico, y si no se cumplen estos requisitos pero notamos algo en nuestro pequeño que nos tenga intranquilos pues le llevamos también.

 

Ya sé que no se deben saturar los servicios de urgencias, ya sé que no todo son urgencias pero si hay algo que no termina de cuadrarnos recurriremos a los expertos. Yo siempre digo (y puede sonar muy extremista) que más vale ir una vez de más que una de menos.

 

Para terminar con el tema de la fiebre es importante que la medicación que utilicemos (paracetamol o ibuprofeno y no alternando a no ser que nos digan lo contrario en consulta) la usemos para tratar los síntomas, no la fiebre como tal. Si el niño está echo un trapito, con mucho malestar… pues no le dejaremos sufrir. Digo esto porque no a todo el mundo la fiebre le afecta de igual manera.

 

Algunos con unas décimas (yo misma) no pueden moverse del sofá y otros niños son capaces de soportar mayores temperaturas sin ver mermadas sus ganas de jugar, por ejemplo. Si la fiebre nos deja seguir con nuestra vida la dejaremos actuar.

 

Mocos

niña resfriada

Pues otro síntoma con el que nos tocará lidiar sin “mucha ayuda” y una barrera defensiva más de nuestro cuerpo ya que están ahí para evitar la entrada de microorganismos no deseables, eso sí, cuando su producción se desborda es necesario quitarlos.

 

No hay nada para prevenir o eliminar los mocos. Nuestro aliado será el suero con el que haremos lavados y en el caso de los más pequeños podemos hacer pequeñas aspiraciones nasales. Mi consejo en este punto es que os arméis de paciencia. No sé cómo será en vuestras cosas pero en la mía mi hijo lo odia. Cada vez que toca el momento suero parece que estuviéramos en un peli de terror, por los gritos entiéndase.

 

Cuidado a la hora de aplicar el suero no vayamos a hacer que el líquido vaya hacia el oído. Os dejo este enlace de Boticaria García donde se explica a la perfección el modo de proceder. También os recomiendo su libro El moco radioactivo para saber más de todos estos temas que estamos tratando.

 

 

Bronquiolitis

Este punto es el que más miedo me ha dado siempre. Me he pasado, y me paso, parte de los catarros de mi hijo diciendo “me da miedo que los mocos se le bajen al pecho” y ahora me pongo a investigar un poquito y descubro (gracias a Lucía mi pediatra) “que los mocos no bajan al pecho, lo que baja al pecho es el virus que en lugar de quedarse quietecito en la nariz como sucede en los adultos, desciende a los bronquios y bronquiolos y como consecuencia de la reacción inflamatoria que se produce, se genera moco”.  Y ¿qué podemos hacer al respecto? Una vez más nada. Insistir en el lavado de manos, evitar espacios con humo de tabaco y el contacto con adultos acatarrados…

 

Y ¿por qué le tenemos tanto miedo? Porque es uno de los motivos más frecuentes de ingreso en los más pequeños (especialmente menores de seis meses). Lo que para nosotros es un catarro para ellos puede desencadenar en obstrucción y dificultad respiratoria necesitando oxígeno para recuperarse. A nosotros nuestro pediatra nos explicó que debemos fijarnos en su abdomen para salir de dudas.

 

Si hunde las costillas y levanta el abdomen al respirar podemos estar ante una bronquiolitis (además de fijarnos en su aspecto general: apatía, palidez, sudoración…). Como siempre, ante la duda y más en los primeros meses de vida, acudiremos al médico.

 

Otras –itis

Y como no sólo de mocos y tos viven los virus y bacterías no podemos olvidarnos de otras –itis. En esta etapa escolar las otitis, conjuntivitis, gastrointeritis… también nos harán pasar una época muy “divertida”.

 

Lo peor de todo este proceso otoñal-invernal es que yo tampoco levanto cabeza, he pasado de no coger ni un catarro el año pasado a querer todo lo que se cuece en el cole, no comparto, me lo quedo todo. Digo que es lo peor porque cuando nuestros pequeños están malitos lo que queremos es cuidar de ellos, no ser un trapillo también nosotras y nosotros.

 

Ah! Por si todo esto de lo que hemos hablado nos parece poco (seguro que no) no podemos olvidar que los niños también pueden tener gripe con todo lo que conlleva. Vamos, que en estos primeros años seremos íntimos de nuestro pediatra.

 

En fin… lavarnos mucho las manos, animar y enseñar a nuestro hijos a hacerlo, así como a toser tapándonos con el brazo, vacunar siempre y mucho ánimo y que los mocos no os acompañen pero la fuerza sí.

 

Espero que estas líneas sirvan de ayuda, no os líen más y para cualquier duda acudid a los expertos. Yo me he basado en dos: Lucía mi pediatra y Boticaria García y podréis acudir a sus páginas para encontrar más información. Para todo lo demás vuestro pediatra os espera.

 

 

Periodista Ana SevillanoAna Sevillano

Soy Ana, periodista y profesora de Secundaria, de lo primero ejercí durante algún tiempo como coordinadora de una revista dirigida a profes y mamis y papis de niños de 0 a 3, de lo segundo no literalmente, pero sí he trabajado varios años como guía de museos en Madrid para niños. Momento en el que entré en contacto con los más pequeños ya que las actividades eran para criaturitas a partir de tres años.

Sí, clases de 25 niños de tres años por un museo lleno de cosas que no se pueden tocar. Casi es más fácil desactivar una bomba. Sin embargo, esta experiencia fue muy especial, y por decirlo de alguna manera me ha marcado y ha convertido en la mamá que soy hoy. Porque sí, ¡ahora soy mamá!, quizá una mamá con más errores que aciertos, pero soy ni más ni menos la que le ha tocado a mi peque. Espero que mis artículos despierten vuestra curiosidad y si queréis leer más de mí estoy en treintamami.

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1 comentario en “Mis peores enemigos se llaman moco y tos

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