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Cómo detectar el Glaucoma en los más pequeños

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La enfermedad no solo es cosa de adultos. Por desgracia, detectarla en los pequeños de la casa no siempre es fácil.

Esta semana se celebra el Día Mundial del Glaucoma; que actualmente se encuentra detrás de 9 de cada 12 casos de ceguera. De hecho, se trata de la segunda causa de ceguera en el mundo occidental. ¿El problema? Los mitos que circulan sobre ella y que no resulta fácil de detectar.

En el 90% de las ocasiones, el afectado no se da cuenta de que ha aparecido hasta pasado un tiempo, y la mayoría no solo cree que el final es la irremediable ceguera, sino que sólo puede afectar a adultos. Nada más lejos. Y en el caso de los niños la cosa todavía se complica más.
 

El glaucoma, una enfermedad para todos los públicos

Así, aunque el glaucoma afecta en mayor medida a las personas mayores de 60 años, la realidad es que se trata de una patología que puede afectar también a los más jóvenes. Es decir, que estamos hablando de una enfermedad para todos los públicos, que abarca desde bebés a ancianos. Eso sí, los riesgos aumentan para las personas de origen hispano y africano, cuyas posibilidades de padecerlo se disparan a partir de los 40 años.

Si hablamos del glaucoma infantil (el que afecta a 1 de cada 5.000 niños mayores de tres años de edad), detectarlo se vuelve todavía más difícil. En general, los principales síntomas son tener la tensión ocular elevada, la alteración del campo visual y lesión del nervio óptico. Pero, ¿cómo saber si nuestro hijo no está viendo bien? Y ¿por qué podría desarrollar glaucoma?
 

Cómo saber si mi hijo tiene glaucoma

Pues bien, las señales más obvias son la sensación de que sus ojos han aumentado de tamaño, que tiene los párpados abultados, se le ha oscurecido la córnea, que muestra síntomas de incomodidad ante la luz, y que lagrimea exceso. Es decir, se trata de síntomas que podrían confundirse con los de una conjuntivitis. Razón de más para no dejarlos pasar. Entre las causas podemos encontrar factores genéticos, así como traumatismos, el uso de cortisona, enfermedades inflamatorias y otros.

Llegados a este punto no podemos dejar de mencionar otra falsa creencia acerca de esta enfermedad: y es que inevitablemente lleva a la ceguera. Nada más lejos. De hecho en la actualidad existen múltiples tratamientos que reducen la presión intraocular y frenan el avance de la patología. Asimismo, existen cirugías específicas y los resultados suelen ser muy buenos.

Es por eso que en el abordaje del glaucoma a tiempo y la prevención -una revisión oftalmológica es la mejor manera de prevenirlo- son clave. Un punto en el que un seguro de salud nos puede resultar de gran ayuda, pues la seguridad social no siempre es capaz de responder con la necesaria celeridad. Para estos casos contamos con varias opciones en función de la aseguradora: las hay que nos brindan la oportunidad de incluir a nuestros hijos en nuestra propia póliza y otras que tienen productos específicos para los benjamines del hogar.

Es el caso de Néctar Kids que cuenta con uno pensado para niños a partir de los tres años y del programa Junior de Sanitas, destinado especialmente a la prevención de distintas enfermedades. Es por eso que, además de la revisión pediátrica tradicional, incluye la revisión oftalmológica, auditiva y hasta consultas psicológicas. La mayoría de compañías también incluyen una cobertura de Asesoramiento Telefónico durante las 24 horas del día, muy útil para disipar dudas ante una emergencia, por ejemplo. En el caso de los adultos, entidades como Mapfre disponen de un programa de diagnóstico precoz del glaucoma.


Algunas medidas de prevención

Volviendo a la prevención y al abordaje, existen una serie de medidas de salud ocular generales que podemos adoptar sin demasiado esfuerzo:

  • Revisar nuestra vista y la de nuestro peque al menos una vez al año.
  • Intentar mantener sus ojos limpios y libres de cualquier sustancia que pueda irritarlos.
  • Proteger los ojos siempre que sea posible -con gafas de natación y similares-.
  • Llevar una dieta equilibrada y una vida activa (ayuda a mejorar el bienestar en general).
  • Espaciar la ingesta de líquidos y reducir la sal de las comidas: evita la retención de líquidos que puede generar el incremento de la presión intraocular.
  • Conocer si tenemos factores de riesgo: hereditarios, diabetes y similares.

Águeda A. Llorca

Acierto.com

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